
Ramón Landajo, un histórico del Peronismo
Publicado en el Diario La Mañana, de Bolívar, provincia de Buenos Aires.
Sitio web:
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Por Alejandra Córdoba
Ramón Landajo se define como secretario privado y ayudante del general Juan Domingo Perón y reconoce que muchos lo denominaron «espía» y hasta «alcahuete», «no lo niego, lo he sido», dijo a La Mañana, mientras se llenaba de orgullo por haber sido «una persona de la absoluta confianza de mi general».
Tiene jóvenes 78 años y mucha historia vivida, de esa que se cuenta en los libros, por haber pasado muchos años junto, estrechamente ligado, a Juan Domingo Perón.
Estuvo en Bolívar hace poco más de una semana, en el marco de un encuentro de capacitación de jóvenes que se realizó en la sede del Partido Justicialista local.
En esa oportunidad dialogó en forma exclusiva con La Mañana y recordó que conoció a Perón en 1942, «cuando era coronel».
Perón, el amable coronel
En esa época Ramón era un adolescente que «sabía escribir a máquina, era capaz de tipear 150 palabras por minuto ya que mi padre me había obligado a aprender algo para ganarme la vida».
En su casa se reunían «los militares que estaban proyectando el cambio de gobierno con la revolución de 1943».
Un día le llevaron un manuscrito para que él se los copiara a máquina y «a partir de ese momento Dios me marcó un destino» aseguró. «Protestaba porque me quitaban momentos con mis amigos y a mí no interesaba lo que ellos hacían» pero a partir de entonces «ya estaba unido, sobre todo a ese joven coronel que era, de todos, el que mejor me trataba. En ese grupo estaba los coroneles Ramírez que no tenía ningún parentesco con el que fue presidente, González, los hermanos Avalos; mi primo San Marco, Pistarini, Velazco, entre otros».
En vísperas del 4 de junio de 1943, los servicios de Landajo eran requeridos con mayor asiduidad y «generosamente» dijo con ironía, «me daban un peso con cincuenta por semana que me permitía ir al cine y comer una pizza. Eran explotadores, por eso lucho por los derechos de los trabajadores», aseguró.
Entonces su trato con Perón fue haciéndose cada vez más fluido, era el «más cordial, el más humano». Además unos primos de quien luego fue tres veces presidente de la Nación, trabajaban en el consultorio junto al padre de Landajo «que era el odontólogo del presidente Ramírez», lo que también lo relacionaba con Perón.
Casi con nostalgia comentó que «de entrada lo admiré, porque me hablaba de historia, de deportes, de proyectos de Nación, cosa que los otros no hacían. Aparte era menos rígido que mi padre, entonces yo tenía en él un amigo. Mucho tiempo después, cuando pasamos al destierro, él me dijo ´mire, usted podría ser mi hijo, yo me casé en 1928 y podría tener un hijo de su edad´. Entre nosotros había algo muy especial».
En el 43 cuando triunfó la revolución y fue derrocado el gobierno de Ramón Castillo, Landajo «iba a visitarlo más a Perón en el Departamento de Trabajo porque mi padre había puesto un emprendimiento textil y yo llevaba la lista de los empleados para registrarlos allí. Había un contacto muy especial».
Paréntesis
El relato de Ramón fue cargado de paréntesis. Cada recuerdo lo lleva, necesariamente, a otro.
Por ejemplo cuando comentó que Perón lo consideraba como un hijo, desmintió que la mujer que dice ser su hija (N. de la R.: Marta Holgado) lo sea, y precisó que «es sólo una maniobra para desprestigiar al general».
Otro paréntesis, de los tantísimos que abrió y cerró a lo largo de la entrevista, surgió cuando trajo a la conversación una Navidad que Perón pasó junto a él y sus padres. «Aún no había conocido a Evita, y recuerdo que me llevó de regalo un equipo de fútbol, de Independiente, porque yo era de ese Club y pese a lo que se diga, él era hincha de Boca».
Más allá de los paréntesis que hizo, indefectiblemente, llamativamente, Landajo volvió al punto donde arrancó el relato, algo que cualquiera definiría como «no se fue por las palmeras», que es algo que comúnmente ocurre con las notas extensas y en las que abundan recuerdos. Con Ramón no pasó eso. No.
Landajo continuó desandando el camino que lo unió con el fundador del Movimiento Nacional Justicialista. No dejó de abrir y cerrar paréntesis y aportar cataratas de datos hasta llegar al 47.
Landajo espía
Ese año murió su padre y era indispensable que él aportara dinero a la casa. Entonces decidió escribirle a Evita ya que le «daba vergüenza» dirigirse a su amigo Perón, que entonces era general y presidente de la Nación.
No esperaba una respuesta inmediata, que se produjo dos días después, cuando «Gilaberte, el chofer de Perón, me dijo que el presidente quería hablar conmigo. Fuimos a la residencia (donde hoy está la biblioteca nacional), allí estuve con él y me preguntó si no tenía confianza como para haber ido a verlo. (…)».
A partir de entonces comenzó otra historia, según contó Landajo, ya que el presidente le dijo que desde ese momento trabajaría para él. «´Trabajará directamente a mis órdenes, usted estará junto a su amigo el general Perón´, me dijo y dijo además que él me daría las directivas pero que iba a ponerme una condición: ´si usted me cambia una letra, una coma o una palabra de lo que se dice en la calle de Juan Domingo o de Eva Perón, el día que me oculte algo, ese día pierde mi confianza, diga todo lo que escucha, lo bueno y lo malo, sobre todo lo malo´». Citando las palabras del líder justicialista, Landajo reflexionó que a raíz de eso debe ser que muchos «decían que yo era el alcahuete de Perón y orgullosa-mente digo que es la condecoración que tengo en mi vida».
El haberle dicho la verdad de las cosas a Perón le permitió a Ramón «cumplir tareas que otros no podían hacer. Yo no estoy registrado en la presidencia, sí en los servicios de inteligencia de todo el mundo, el general me pagaba de su bolsillo y por eso no tengo jubilación hasta el día de hoy.
«Estuve cumpliendo tareas en Uruguay y en Brasil y finalmente en México, ya que la conspiración mayor contra Perón tras la muerte de Evita se daba en ese país, donde estaba la base de operaciones del que era dueño del diario La Prensa (…) Yo era el «espía» de Perón, como dijeron en una nota, era una especie de espía, un servicio de inteligencia personal de mi general. El me enseñó muchas cosas, le debo la vida a mi general y todavía se la debo, porque si hoy vivo es porque él no deja que me vaya y me hace quedar en la tierra para convencer a aquellos que quieren cambiar nuestra historia, el contenido de nuestra doctrina (…), los que usan a Evita para opacar a Perón y los que quieren borrar a los dos, nadie borrará a Perón y a Evita porque están en el corazón del pueblo y no sólo del argentino» sino de otros del mundo.
Perón y Eva, Ramón y LinaLandajo estuvo casado con Lina, que fue una amiga de María Eva Duarte. «Juntas llegaron del interior, Evita de Junín y ella de Carmen de Areco para trabajar en la radio. Hace un año Lina me dejó, y ahora las extraño a las dos. Vivo en soledad a pesar de estar rodeado de mucha gente, como la soledad que vivíamos con el general en el destierro en Panamá, en República Dominicana, donde estábamos abandonados totalmente», dijo Ramón.
El destierro
En centroamérica Perón estuvo acompañado por su chofer, Isaac Gilaberte y Ramón que recordó que «llegamos al destierro ´corriendo la coneja´, la gente pensaba que era multimillonario mi general, pero no. Por suerte yo cobraba por escribir en el diario Novedades y ese dinero contribuía para sostener la casa (…). Juntábamos las moneditas». (…) «Con Gilaberte compartimos sus lágrimas, sus angustias, sus momentos de proyección y empezamos a trabajar en un proyecto de país» a largo plazo.
La última vez que vio a Perón
Contó Ramón que la última vez que vio a «su» general fue el 8 de mayo de 1974 y «me dejó la consigna, esta es que no bajara la guardia, que buscara al hombre porque yo sabía qué era lo que él quería de un dirigente, de un conductor, porque se presentaban muchos; había mucho neoperonismo, de la boca para afuera, porque tenían sólo ambiciones personales o de grupo pero no eran doctrinariamente peronistas.
«Me mandó a Japón y yo me quería quedar aquí porque tenía que reemplazarlo a López Rega a mi regreso, eso casi me cuesta la vida,(esta vez no hubo paréntesis) llegué una semana antes de su muerte y no me dejaron verlo. Traía el ofrecimiento de Japón para que Argentina fuera primera potencia mundial y gente nuestra que recibió todo eso lo cajoneó, tenían la orden de Estados Unidos, la traición estaba dentro de nuestro movimiento».
La dimensión de Perón y sus sucesores¿Puede un contemporáneo, tan cercano, tan próximo, tener la dimensión exacta de un hombre como Perón? le preguntamos a Landajo. «Yo vivo la dimensión de Perón y no me quiero morir sin cumplir esa orden que me dio mi general…». En este momento del relato la voz de Ramón se quebró y tomó aire para abrir el enésimo paréntesis, y decir «intenté dos suicidios, lo digo francamente, me dio asco un presidente que tuvimos que vendió al país; me secuestraron para que yo me callara la boca, me quitaron hasta las ganas de comer…»
-¿Quién lo secuestró?
-«Menem en el 98, poco antes de terminar su mandato. Esa es una historia un poco larga y quiero escribir un libro y hay gente que se opone a que yo cuente verdades, yo escribo y destilo la amargura que me da ver que están destruyendo nuestra Argentina y que gente que se dice peronista no lo es. Algunos llegaron entrando por la ventana, otros abrieron la puerta a patadas para instalarse y sacar al peronismo en serio. Hay gente que ha usado al peronismo para hacer antiperonismo porque está la oligarquía en pleno explotando al trabajador, al humilde (…) han destruido a la familia argentina, el hombre se ve sin fuentes de trabajo. Tenemos tanto por hacer en la República Argentina y tenemos autoridades que miran otra cosa, sus bolsillos, sus intereses (…) quieren ser una oligarquía como aquella que corrimos en el 43. Nos quieren robar nuestras banderas y el que roba es un ladrón, un delincuente. Si tienen un contenido, una doctrina, un proyecto mejor que el que tenía Perón que lo muestren, nosotros lo apoyaremos si es bueno, si es en beneficio de la patria y del pueblo, pero que no nos vengan a robar lo que es nuestro, que no simulen ser peronistas (…).
El sucesor
«El dirigente, el conductor, está tocado por una varita de Dios y tiene que tener sobre todo sensibilidad, saber interpretar con la mirada lo que es la necesidad de la gente, tener una proyección de futuro y para eso rodearse de buenos elementos que puedan trabajar.
«Conozco a todos y el único que he encontrado, hasta ahora, es Gerónimo Venegas» (N. de la R.: dirigente sindical de la UATRE).
«No creo que Kirchner sea peronista»«Si el presidente dice que es peronista, que lo demuestre. No creo que Kirchner sea peronista, si lo fuera no habría creado un partido para la Victoria, hubiera entrado con una línea dentro del Movimiento.
«Ojalá que el presidente que ahora dice que está logrando éxitos económicos los traslade a la familia argentina para su felicidad, dignificando al trabajador».
El futuro del partido
«Confío en las mujeres, que son las que nos salvarán, porque nosotros somos unos maricones, que tomen las brasitas que les dejó en los corazones Evita y enciendan la gran hoguera peronista en la Argentina. No digo justicialismo, digo Peronismo, volvamos al origen, a Perón, al peronismo».
Por Alejandra Córdoba para La Mañana, de Bolívar.
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